langosta

Se sabe de las langostas que son un insecto de escasa popularidad, y que avanzan en nubes que lo devoran todo a su paso. Cada langosta en sí no es más que un pequeño insecto inofensivo, pero el tamaño de sus colonias puede arrasar poblaciones enteras. ¿En qué se parecen el Off y las langostas?

Veamos: la crisis económica implica un cambio en el modelo de producción de las Artes Escénicas. La subida del IVA y la falta de liquidez en un mercado excesivamente dependiente del sector público dificultan la rentabilidad de las producciones: se impone ir a taquilla a los teatros, y las productoras son menos y tienen menos dinero para generar espectáculos (o para hacerlo en condiciones dignas). Sin embargo, las escuelas artísticas siguen lanzando cosechas de actores y actrices que se incorporan (estén preparados o no) al mundo laboral con ganas de ser vistos y de mostrar su talento.

Ante la imposibilidad del entorno existente de ofrecer un futuro, los creadores deciden no esperar a las escasas ofertas que ofrecen las grandes productoras y empezar a generar su propio mercado. Grupos de dramaturgos, directores, actores, escenógrafos y gestores se juntan por proyectos basados en la visibilidad y empiezan a trabajar en condiciones (más) precarias para no quedarse en casa. Aparecen multitud de pequeñas salas que albergan estos proyectos que combaten la crisis y la prensa y el público comienzan a responder a su existencia hasta tal punto que se habla de que el teatro ha logrado sortear la crisis. No es verdad. En la mayoría de los casos se trata más de una reacción a las nuevas condiciones que de una verdadera solución: los creadores se convierten en empresarios involuntarios y tienen que hacerse cargo de toda una parte del trabajo que no conocen y cuya regulación les impediría existir, así que hacen como que no existe. Las Administraciones, por el contrario, tratan de apropiarse de esta explosión de creatividad exhibiendo los resultados más notables y permitiendo desde la omisión la existencia de estas salas y compañías alegales mientras siguen sin regular su incorporación a un mercado oficial y sostenible. Y hasta aquí hemos llegado.

Las salas empiezan a cerrar, la calidad media de los espectáculos ha bajado en un porcentaje importante, las condiciones de trabajo se han precarizado y el público generado es a todas luces insuficiente para mantener este estado de cosas. La reacción frente a una cultura castigada ha llegado todo lo lejos que podía, y ha producido estallidos de excelencia, pero en medio de un mercado aún más saturado y en el que sólo sobreviven los más económicos, no los mejores ¿Y ahora qué? Se impone una reflexión en el sector, que empieza a autorregularse y contraerse. ¿Esperamos el rescate de las Administraciones que, como Godot, siempre están a punto de llegar pero no llegan nunca? ¿Cómo pueden los artistas ser excelentes si no pueden vivir de su trabajo? ¿Cómo dirigirnos a un gran público que sigue sin conocer nuestra existencia y que prefiere invertir su dinero en el espectáculo avalado por lo mediático? ¿Cómo generar giras para el Off fuera de nuestro pequeño mercado de ciudades estado y a pesar del desconocimiento en la gestión de quienes lideran los proyectos?

Ya hay quien, consciente de todo esto, se ha puesto manos a la obra. Por poner unos ejemplos, el Lara de Madrid ha puesto en marcha cursos de capacitación para nuevos creadores, y hay cooperativas de creación que facilitan el acceso al mercado en mejores condiciones, pero sigue faltando una respuesta del sector como conjunto.

O nos salvamos juntos o nos hundimos todos, pero, como las langostas, avanzamos hacia un futuro incierto arrasando el sector a nuestro paso. Conviene empezar a pensar una solución, antes de tener que empezar a devorarnos a nosotros mismos.

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Javier Ortiz Arraiza

Actor, productor y gestor cultural